Los demonios de Tasmania son los marsupiales carnívoros (carnívoros) más grandes del mundo. Los demonios de Tasmania viven en Tasmania, una gran isla al sur de Australia. De hecho, Tasmania es el único lugar donde se encuentran en estado salvaje. Los demonios de Tasmania adultos suelen ser del tamaño de un perro pequeño. Tienen un pelaje tosco de color marrón o negro y una apariencia regordeta que los hace parecer osos bebés. Pero no dejes que su ternura te engañe. Tienen dientes afilados y mandíbulas fuertes y musculosas que pueden dar una de las mordeduras más poderosas de cualquier mamífero en la Tierra.

Los demonios de Tasmania son estrictamente carnívoros, sobreviven de pequeñas presas y con frecuencia se alimentan de animales ya muertos, llamados carroña. Sin embargo, la característica más famosa del demonio de Tasmania es su personalidad combativa. Cuando se ve amenazado, un diablo se abalanza sobre su atacante, chilla, aúlla, enseña los dientes y, a menudo, gira en círculos como la caricatura de Taz. Los demonios también mostrarán estos comportamientos cuando intenten unirse mientras otros demonios se comen el cadáver de un animal o luchan por una pareja.

Los demonios de Tasmania son animales nocturnos, pasan sus días solos en troncos huecos, cuevas o madrigueras, y salen por la noche para alimentarse. Utilizan su excelente sentido del olfato y la vista para evitar a los depredadores y localizar presas y carroña. Son comedores voraces y lo consumirán todo, incluidos el cabello, los órganos y los huesos.

Vea dónde viven los demonios de Tasmania.

Como todos los marsupiales, las madres demonio de Tasmania dan a luz a crías muy pequeñas (aproximadamente del tamaño de una pasa). Una vez que nacen, los bebés se arrastran por el pelaje de la madre hasta su bolsa.

Trágicamente, desde mediados de la década de 1990, una enfermedad catastrófica ha matado a miles de demonios de Tasmania. Esta afección fatal, llamada enfermedad del tumor facial del diablo (DFTD), es un cáncer contagioso poco común que hace que se formen bultos alrededor de la boca y la cabeza del animal, lo que dificulta su alimentación. Los científicos están trabajando arduamente para encontrar una manera de detener la propagación de DFTD antes de que acabe con la especie.